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viernes, 19 de julio de 2013

Cuento y leyenda tradicional japonesa: Tsuki no Usagi.

¡Hola viajeros! 
Os traigo otra historia y leyenda de la cultura japonesa, aunque en esta ocasión, esta historia está presente en más culturas como la budista, la china, la coreana, la azteca... Pero, sea en la cultura que sea, esta es una historia sobre el sacrificio y la entrega para ayudar a otros. 

Yo conocí esta leyenda porque soy muy fan de Sailor Moon y su protagonista en japonés se llama Usagi Tsukino que literalmente significa "conejo de la luna" (en español se mantiene el juego del nombre llamándola Bunny (conejo en inglés) Tsukino), evidentemente el nombre tiene influencia de esta historia y creo que también sirvió un poco para que Naoko Takenuchi (la autora de Sailor Moon) creara esa fantástica historia.

La leyenda surge porque los japoneses (y gente de otras culturas) ven en la superficie de luna la imagen o sombra de un conejo machacando arroz para preparar mochi (un dulce tradicional japonés).

Como nota curiosa, después de narrar la historia, a veces suele explicarse, principalmente a los niños, que los conejos saltan porque tratan de alcanzar a su héroe que descansa en la luna.

¡VAMOS CON LA LEYENDA!

Tsuki no Usagi (月の兎, el Conejo de la Luna).

Según cuenta la leyenda, un anciano peregrino iba de viaje y se encontraba muy cansado y hambriento. En su camino se encontró a un mono, un zorro y un conejo. El anciano estaba tan desesperado que pidió a los tres animales que, por favor, le consiguiesen algo de comida. 

Los animales, deseosos de ayudarle hicieron todo lo posible: el mono trepó a un árbol y recogió fruta y el zorro ágilmente atrapó un ave para que se la pudiera comer, pero el conejo, con gran pesar, no consiguió nada de comida y volvió con las manos vacías. 

Al ver que el anciano estaba triste, cansado y seguía teniendo hambre, el conejo se sintió culpable. Así que recogió ramas y hojas secas, encendió una fogata y se lanzó dentro para ofrecerse a sí mismo como alimento para calmar el hambre del anciano. 

El anciano, conmovido por el gesto humilde y el trágico sacrificio del pobre animal, reveló su verdadera identidad: era un poderoso dios. La deidad, con su gran poder, recogió los restos del conejo y los enterró en la Luna, plasmando una imagen del conejo en su superficie como monumento y recuerdo de su gesto de solidaridad. 
¿Os gusta? Es corta y con mucho significado, pero si hablamos de otras culturas,  podréis ver que tienen varios puntos comunes, una misma moraleja y muy pequeñas diferencias: