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jueves, 19 de septiembre de 2013

Cuento Chino: La Rana que se convirtió en Emperador.

¡Hola viajeros!
Hace tiempo que no os traigo una historia o leyenda, ¿verdad? Además estos días me he entretenido dibujando el banner para el blog (no veáis lo que me costó la que me gustara del todo la chica jajaja ¿os gusta?).
Bueno desde que leí el comic de Jim Henson's The Storyteller (reseña: Aquí) tenía ganas de traeros alguna de las historias que contenía el comic, así que he buscando con cual de ellas podía empezar y al final he decidido que sea esta. Así que disfrutadla.

La Rana que se convirtió en Emperador.
Hace mucho tiempo vivía una pareja muy pobre que estaba a punto de tener un bebé. El marido se vio forzado a irse de casa a buscar trabajo lejos de allí, pero antes de irse, abrazó tiernamente a su mujer y le dio las últimas monedas de plata que tenía, diciéndole: 
“Cuando nazca el bebé, sea niño o niña, tienes que esforzarte por criarlo. Tú y yo, somos tan pobres ahora que no hay esperanza para nosotros, pero nuestro hijo puede que consiga ayudarnos a salir adelante.” 

Tres meses después de la partida del marido, la esposa dio a luz, pero el bebé no era ni un niño ni una niña, ¡era un rana! La pobre madre estaba desconsolada y lloraba amargamente:  
“¡Un animal y no un niño! ¡Nuestras esperanzas de tener a alguien que cuidara de nosotros cuando seamos mayores se han esfumado!”
Pensó en deshacerse de él, pero no fue capaz de hacerlo. Quería criarlo pero tenía miedo de qué dirían los vecinos. Mientras pensaba en el asunto, recordó las palabras de su marido y decidió no matarlo pero sí esconderlo bajo la cama, así nadie sabría que había dado a luz a un niño-rana. Pero tras dos meses, el niño-rana se había hecho tan grande que ya no podía esconderlo bajo la cama. Y un día, de repente, el chico-rana habló con voz humana:
“Madre, mi padre regresará esta noche. Voy a ir a esperarlo al lado del camino.”

Y ciertamente, esa noche el marido regresó a casa.
“¿Has visto a tu hijo?”, le preguntó nerviosamente la mujer. 
“¿Dónde? ¿Dónde está mi hijo?” 
“Te estaba esperando al lado del camino. ¿No le has visto?” 
“¡No! No he visto a nadie”, respondió sorprendido, “Lo único que vi fue a una horrible rana que me ha dado un susto de muerte.”
“Esa rana era tu hijo”, dijo tristemente su esposa.

Cuando el marido oyó que su mujer había dado a luz una rana, se entristeció.  
“¿Por qué le dijiste que fuera a mi encuentro?”, le preguntó. 
“¿Qué quieres decir con eso? Él fue sin que yo se lo dijera, de repente dijo que vendrías y fue a tu encuentro.”, dijo su esposa.
“¡Eso es algo extraordinario! Nadie sabía que regresaba. ¿Cómo lo habrá sabido? Dile que entre en casa, rápido, no vaya a ser que pille un resfriado.” 

En cuanto la madre abrió la puerta, el chico-rana entró y se acercó a su padre, que le preguntó: “¿Eres tú a quién vi en el camino?” 
“Sí, le estaba esperando, padre.”, dijo el chico-rana. 
"¿Cómo sabías que regresaba esta noche?” 
“Sé todo lo que ocurre bajo el cielo”, respondió su hijo.

Los padres estaban sorprendidos por tales palabras, pero más sorprendidos cuando prosiguió: 
“Nuestro país está en grave peligro”, dijo solemnemente, “somos incapaces de resistir a los invasores. Quiero que padre me lleve a ver al Emperador, porque debo salvar a nuestro país.” 
“¿Cómo vas a hacerlo? Primero, no tienes caballo. Segundo, no tienes armas y tercero nunca has estado en el campo de batalla. Así que, ¿cómo piensas luchar?” 

El chico-rana, dijo muy serio: “Simplemente, lléveme allí, derrotaré al enemigo, sin ningún miedo.”
El padre no pudo disuadirle, así que llevó a su hijo-rana a la ciudad para conseguir una audiencia con el Emperador. Después de dos días de viaje, llegaron a la capital, donde vieron expuesto un decreto imperial: 
La rana rompió el decreto y se lo tragó. El soldado que custodiaba el decreto imperial se alarmó enormemente. Ni siquiera podía imaginarse a una rana aceptando un deber tan importante. Sin embargo, ya que la rana se había tragado el decreto, tendría que llevarlo al Palacio.

El Emperador le preguntó al chico-rana si tenía los medios y la habilidad de derrotar al enemigo. El chico-rana respondió: “Sí, Señor”. Entonces, el Emperador le preguntó cuántos hombres y caballos necesitaría para tal labor. “Ningún caballo u hombre. Todo lo que necesito es una pila de brasas encendidas y calientes.”, respondió el chico-rana.

El Emperador ordenó traer inmediatamente una pila de brasas, encendidas y calientes, y enseguida la trajeron. El calor en la estancia era muy intenso. El chico-rana se sentó delante de las brasas devorándolas, a bocados, durante tres días y tres noches. Comió hasta que su ombligo se convirtió en un botón grande y redondo. Para ese momento, la ciudad ya estaba en grave peligro, puesto que el enemigo había llegado a las murallas.

El Emperador estaba terriblemente ansioso, pero el chico-rana se comportaba como si no estuviera pasando nada inusual, y tranquilamente siguió tragando fuego y brasas. Cuando llegó el tercer día, el chico-rana se dirigió a lo más alto de la muralla de la ciudad y observó la situación. Allí, intentando entrar en la ciudad, había miles de soldados y caballos que cubrían todo el lugar.
“Rana, ¿cómo piensas ahuyentar al enemigo?”, preguntó el Emperador.
“Ordene a sus tropas que dejen de disparar con sus arcos y que abran la puerta de la ciudad.”, dijo el chico-rana.
El Emperador se quedó pálido al oír esas palabras: “¿Qué? ¿Con el enemigo a las puertas y me pides que la abra? ¿Cómo te atreves a jugar conmigo?”
“Su Alteza Imperial me ha pedido que ahuyente al enemigo, y para hacerlo, debe hacer caso a mis palabras.”
El Emperador estaba indefenso, así que ordenó a los soldados que dejaran sus arcos y flechas y que abrieran la puerta.

En cuanto abrieron la puerta, los invasores entraron. El chico-rana estaba sobre ellos en la torre de la entrada y, mientras ellos pasaban por debajo, él, tranquilamente, les lanzaba las brasas de fuego, abrasando incontables hombres y caballos. Y cuando vieron lo que ocurría, los invasores huyeron.
El Emperador estaba encantado al ver que el enemigo había sido derrotado. Nombró General al chico-rana y ordenó que su victoria fuera celebrada durante días. Pero sobre la princesa, no dijo nada, ya que no tenía la menor intención de permitir que su hija se casara con una rana, así que mintió e hizo saber que había sido la princesa la que se había negado a casarse con él. Y, como prefería que se casara con cualquier otro que no fuera el chico-rana, ordenó que su matrimonio se decidiera mediante “El lanzamiento de la Bola Bordada”.

El Lanzamiento de la Bola Bordada (Xiuqiu) es una tradición china para enamorados.
¡ “El lanzamiento de la Bola Bordada”! La noticia se extendió inmediatamente por todo el país y en un par de días la ciudad estaba llena de agitación. Llegaron hombres de los sitios más lejanos del país, toda clase de personas fueron a la capital. Llegó el día y el chico-rana estaba presente. No se metió entre la multitud, sino que se quedó al final de la plaza llena de gente.

Se había construido un pabellón engalanado vistosamente. El Emperador colocó a la princesa y a sus doncellas en unos asientos en lo alto de una plataforma. Había llegado el momento. La princesa lanzó al aire la “Bola Bordada” y abajo la gente se movió. La multitud de la plaza explotó en un estallido de emoción y todos levantaron las manos intentando coger la Bola, y en ese momento, el chico-rana respiró y, en un momento de confusión, succionó la bola hasta él.
Esta es una foto real de la tradición
¡Ahora, sin lugar a dudas, la princesa tendría que casarse con el chico-rana! Pero el Emperador no iba a permitir que eso pasara: “Una Bola Bordada lanzada por una princesa, sólo puede ser cogida por una mano humana. ¡No puede cogerla una bestia!”, dijo el Emperador.
Así que le dijo a la princesa que lanzara una segunda Bola. Y esta vez un joven fornido la cogió.
“¡Ese es el hombre!”, gritó felizmente el Emperador, “Aquí está la persona perfecta para ser mi yerno.” 
Y se celebró un lujoso festín para celebrar tal alegría, pero ¿podéis adivinar quién era ese joven fornido? ¡Exacto! Era el chico-rana vestido de hombre.
Hasta que estuvo por fin casado con la princesa, no se volvió a convertir en rana, y así durante el día era una rana y por la noche se quitaba su piel verde para transformarse en un honorable joven.
Pero la princesa no pudo guardar el secreto y un día se lo dijo a su padre, el Emperador, que se sorprendió pero aún así estaba feliz.
“Según he oído, por la noche te quitas este apariencia exterior, como si de un traje se tratara, y te conviertes un apuesto joven. ¿Por qué llevas puesta esa horrible piel de rana durante el día?”, le preguntó el Emperador.
“Oh Señor, esta piel exterior no tiene precio. Cuando la llevo puesta en invierno, estoy cómodo y caliente; y en verano, fresco. Está hecha a prueba del viento y de la lluvia, ni si quiera la llama más feroz la quema. Y mientras la lleve puesta, podré vivir durante miles de años.”
“¡Deja que me la pruebe!”, ordenó el Emperador.
“Sí, Señor.”, dijo el chico-rana quitándose rápidamente su piel.
El Emperador sonrió alegremente. Se quitó su traje bordado de Emperador y se puso la piel de rana, pero después ¡ya no podía quitársela!
El chico-rana se puso el traje imperial y se convirtió en Emperador, mientras que su suegro se quedaba como rana para siempre.
 

Un rana muy inteligente... A mí me parece una historia muy curiosa^^
¿Qué os parece Viajeros? ¿Os ha gustado?
 Image and video hosting by TinyPicFuentes:  
La historia en inglés: Aquí.
La foto de la chica lanzando la Bola Bordada: Aquí.
Más info de El lanzamiento de la Bola Bordada (en inglés): Aquí.
Imágenes del comic y de búsqueda en google.

12 comentarios:

  1. No conocía esta historia, ¡gracias por compartirla! =)

    Besotes :P

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  2. Yo tampoco...pero qué historia más curiosa y peculiar!! Me he leído enterito y me ha encantado...qué inteligente,eso sí que es una buena jugada(lo del traje para el emperador) ^^...Una moraleja que se podría extraer sería no juzgar a las personas por su físico...xD
    (ME HA ENCANTADO!! Quiero otro!!)
    Besos.

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    1. pues sí!! una de sus moralejas podría ser esa^^
      habrá más!! lo prometo!!
      besotes

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  3. Me ha parecido muy curioso, no lo conocía y al leerlo me ha recordado a los que leía de niña (aunque no fueran chinos).
    Besos!

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    1. sii!! parece de esas historias de niños^^ por eso también me gustó a mi!!
      besotes

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  4. ¡Hola!
    Vaya historia. Es de esas que te dejan pensando, pensando, y pensando, y, a la media hora, la comprendes. Cuando he llegado al final me he quedado un poco parada porque me ha pillado de sopetón (pensaba que se convertiría en emperador por haberse casado con la hija), no me lo esperaba.
    Listo o no, a mí el niño-rana no me ha gustado demasiado. El emperador es vanidoso, envidioso y le invaden los prejuicios, y a la vez, es protector y quiere muchísimo a su hija; pero ¿y el niño-rana? Pretende salvar la capital imperial, pero ¿seguro que sin segundas intenciones? Puede que el final sea así para enseñar al emperador cómo ver más adelante, y como "recompensa" al niño-rana por haber sido tan odidado toda su vida, ¿no? Aunque a mí no me convence. Si vas por ahí haciendo las cosas para conseguir algo...
    Por lo demás y a excepción del final, me ha gustado bastante. ¿Habrá más? ^^

    Besis.

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    1. es cierto que el chico-ran tampoco parece tan bueno como se podría esperar, yo creo que el emperador no quiere a su hija tanto com parece, solo es que no quiere que su Imperio caiga en manos de una rana....
      Claro que habrá más!! y más sabiendo que os gustan!!
      besotes

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  5. Pobre emperador eso le pasa por no querer casar a la princesa con la rana. Me a gustado mucho el cuento quieroi mas cuentos me encantan tus historias sigue así.

    Un saludo.

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    1. muchas gracias Javi!!! sabía que te gustaría!!
      besotes

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  6. ¡Hola guapa!
    Te ha quedado muy bien la chica del banner :)
    Qué graciosas las imágenes de la rana.Sobre todo me gusta la segunda ^^
    La historia me suena de Shin Chan, pero creo que me confundo con otro cuento. Esta me ha gustado ^^ El susto que se llevaría la madre al verlo jijiji El emperador ha obtenido lo que se merecía. Lo que no sabemos es que pensaba la hija de todo esto, aunque si lo delató al padre...

    ¡Besitos!

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    1. según he leído en algunos sitios pintan como que la hija estaba feliz y que desde el principio no le importaba casarse con la rana y que la parte de chivarse a su padre era como un plan para ayudar a la rana, en otros lados no dicen nada... no sé cual podría ser el verdadero...
      besotes

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